Pátzcuaro

Pátzcuaro, vívelo para no creerlo

A propósito de la peatonalización de la plaza Vasco de Quiroga. Este artículo fue publicado el 21 de junio de 2014.

Por Daniel Márquez Melgoza

Con el objetivo de reposicionar la industria turística nacional, a la baja por la crisis de inseguridad a causa de la delincuencia y crimen organizado que asuela a nuestro país, el gobierno de la República lanzó al mundo la campaña turística internacional denominada Encuéntrate con México, vívelo para creerlo, consistente en una serie de videos dedicados a cada entidad federativa, en los que se muestran las bellezas de los recursos naturales y culturales más representativos.

El video dedicado a Michoacán contiene una buena carga de imágenes de la ciudad, municipio y región de Pátzcuaro más emblemáticas por su belleza. Se inicia con un joven con cara de fastidio dentro de su vehículo, atrapado por el tráfico de una gran ciudad. A medida que se suceden atractivas imágenes, una voz en off dice: «A veces en medio del caos de la ciudad te vienen a la memoria esos espacios abiertos y sus paisajes cautivadores y el encanto de los pueblos llenos de alegría; es una sensación increíble que llevas contigo a todos lados…»

Lo paradoja es que el turista que, movido por ese video, venga a Pátzcuaro, apenas logre entrar al centro de la ciudad, luego de un rodado lento y fastidioso por la principal avenida Lázaro Cárdenas, se encontrará atrapado dentro de su auto, en un desfile interminable de vehículos del servicio de transporte público; luego se volverá loco intentando encontrar dónde estacionarse, pues estarán ocupados a tope los espacios disponibles de sus tres céntricas plazas y calles aledañas.

Esas tres céntricas plazas y calles que las comunican, atestadas de autos estacionados y otros en lento rodaje, es lo que espera en Pátzcuaro al ilusionado visitante que antes de llegar estaba seguro de que encontraría un pueblo mágico: es decir, «ese lugar espectacular, lleno de sorpresas, ese lugar que te saca de la rutina en todos los sentidos; que te sumerge en el mundo donde la imaginación se abre y vives cada segundo como algo nuevo; y todo te parece estar ahí puesto para que te sientas más vivo que nunca». Claro, no me hagan caso, estoy parafraseando el texto del video, porque la realidad del visitante es otra muy distinta.

Recuerdo que a propósito de que por estas fechas, hace un año, hubo el intento de clausurar la vía recreativa de Pátzcuaro, el actor michoacano Damián Alcázar, gran amigo de esta ciudad, mandó un mensaje de solidaridad a Rueda Pátzcuaro Mágico, en el que comentaba que cuando viene a esta ciudad tiene por costumbre salir de madrugada al centro histórico para gozar su belleza sin automóviles, en particular en la magna plaza Vasco de Quiroga y su entorno de edificios y calles que hacen con ella una armonía encantadora y mágica.

En efecto, cualquiera que madrugue un poco puede ver ese espectáculo, el cual termina por ahí de las 8 de la mañana en adelante, cuando los propietarios de negocios y servicios del rededor de la plaza y calles cercanas, estacionan sus automóviles, los cuales no moverán en todo el día. De esa manera los patzcuarenses se preparan para recibir a los visitantes regionales, estatales, nacionales y extranjeros, haciéndoles ver su suerte a la hora de intentar encontrar un lugar seguro para estacionar sus automóviles. Es pues un recibimiento poco amigable al turista, a pesar de que espera de él el beneficio de sus generosas compras: hospedaje, alimentos, artesanías, servicios varios. Fuera de eso, el patzcuarense que ofrece esos servicios no se siente obligado a nada más con el turista, como podría ser garantizarle una estancia más placentera con una oferta de actividades recreativas y culturales con las cuales consiga interesarlo en ampliar su estadía por más días de los que tenía planeados en la ciudad y región.

En el horizonte político nacional o estatal no se ve que sea posible que en algún plazo razonable la percepción negativa, externa, sobre Michoacán en materia de violencia e inseguridad, mejore, y que ciudades como Pátzcuaro cuya economía depende de su vocación por el turismo, recuperen su anterior bonanza. Qué más se quisiera, pero no va a cambiar nada la situación por más que se realicen eventualmente en las ciudades más importantes de las distintas regiones de la entidad, costosos eventos artísticos y deportivos desvinculados de las sociedades y realidades locales. Sin duda ese tipo de acciones cumplen objetivos mediáticos para fuera, pero al interior de las realidades de las regiones no queda nada.

Quizás ya sea el momento de que parte de las soluciones a esas economías locales surjan de las propias sociedades bajo algunas estrategias novedosas, ya no sólo atenidas a las estrategias de promoción turística marco desde la federación y el gobierno estatal, como ha sido la tónica. Los prestadores de servicios turísticos locales por tradición están abonados a las temporadas altas del turismo para sacar los gastos del año: Semana Santa, vacaciones de verano, Noche de Muertos y festividades de fin de año. No existe entre ellos la cultura de explorar por sí mismos otras posibilidades de promoción turística que ayuden a enriquecer la oferta y a incrementar por ende los ingresos para el propio sector y la población en general.

Sería ya la hora de romper esa inercia cómoda, paternalista, pero poco gratificante como sociedad madura, participativa, moderna. Pongo un ejemplo de algo que sería agradecible con entusiasmo por parte de los amantes de Pátzcuaro, que son legión dentro y fuera de Michoacán: el anuncio, si así se decidiera, de que la plaza Vasco de Quiroga se convierta en peatonal los fines de semana, sábados y domingos, y los días festivos.

Más que del gobierno municipal, sería una decisión cargada de voluntad política por parte precisamente de quienes más hacen uso de la plaza Vasco de Quiroga, de estacionamiento: los comerciantes del área del Centro Histórico. Sería como una toma de conciencia de la necesidad de hacer surgir por fin una auténtica mística de servicio, como sociedad que se reconoce con vocación turística.

Saber que se vive del turismo y en los hechos actuar contra los intereses de quienes nos visitan, tiene una dosis de contradicción preocupante; superar en cambio esa contradicción social sería el inicio de una etapa de madurez como prestadores de servicios turísticos como sociedad, vista ésta tanto desde los sectores ligados a la actividad turística como desde la visión de habitantes en general de la ciudad, que nos reconocemos corresponsables de una voluntad política para servir mejor a quienes nos visitan.

Dar ese paso significaría reconocer que el visitante, que viene de ciudades de dimensiones mayores que la nuestra, donde el automóvil es un problema de contaminación ya casi como una enfermedad social terminal, lo menos que quiere es llegar a padecer lo mismo a escala de Pátzcuaro. Esta ciudad estaría llamada a ser un verdadero remanso para sus visitantes (como lo sugiere el video promocional de Michoacán); así la querrían y agradecerían. El escenario urbanístico y arquitectónico llenos de armonía antigua y de magia ahí están, sólo a la espera de que sus habitantes tengan la voluntad política de dejar de echarlo a perder con su propia dosis de modernidad ligada a la esclavitud mental que ejerce sobre nosotros el automóvil.

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